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 "Las lágrimas de San Pedro" (Museo de Baeza - Foto de Maribel Sánchez)La pintura se encuentra dentro del Museo de nuestra ciudad y en concreto, está situada en la segunda sala, en el espacio dedicado a la Baeza del siglo XVII. La pintura se encuentra colocada a baja altura, algo que permite contemplarla con facilidad. Con esta pintura comenzamos el análisis de las pinturas de caballete de otra colección de pinturas, ésta recientemente organizada. Tratándose del primer espacio expositivo permanente laico de nuestra ciudad. El Museo se encuentra situado, como todos ustedes saben en la calle Casas Nuevas, en el edificio que fue la primera fundación universitaria de la ciudad, en el colegio de la Santísima Trinidad fundado por Rodrigo López. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo. Está pintada sobre una tela cuya fibra es de lino y la trama está tejida en una arpillera densa. Cuenta con un estado de conservación bueno puesto que la pintura está bien conservada, aunque presenta pérdidas muy pequeñas de la capa pictórica, tiene manchas y suciedades superficiales. El cuadro es de dimensión mediana-grande, midiendo aproximadamente 129 cm de alto y 108 cm de alto. Aunque hemos de decir que se trata de un recorte y que la pintura originariamente fue mayor. De autor anónimo aunque podemos afirmar que la pintura en cuestión es de la escuela o incluso del taller de José de Ribera y que fue realizada por un artista de calidad. La pintura que nos ocupa fue realizada en la segunda mitad del siglo XVII. La pintura tiene un marco de madera dorada al agua en los filos y de calle color rojo lacre, de buena calidad. No parece que sea el marco original de la pintura siendo posterior a esta y realizado para “modernizar” el aspecto de la misma. La pintura ha entrado en el museo a través de un depósito temporal por parte de su propietario, que es una persona particular. El santo aparece de medio cuerpo, con la mirada puesta en el cielo y de sus ojos caen lágrimas de arrepentimiento por haber negado a su maestro Jesucristo; está representado de edad madura casi anciana, y aparece con su manos entrelazadas sobre un árbol, donde vemos un evangelio cerrado y sobre la improvisada mesa, vemos las llaves que son el atributo de su iconografía. Su corazón y su mirada están transportados en un momento místico. Según el padre Pedro Ribadeneyra, ha de tener la túnica azul ceñida y el manto anaranjado o de color ocre, con sus llaves en la mano. El autor no ha seguido fielmente en esta obra estos preceptos iconográficos, cambiando la situación de las llaves. Creando con una de ellas, un efecto tridimensional, al sobresalir la misma del espacio natural, por encima de la cartela, que es otra de las novedades que aporta está pintura, Siendo la aparición a lo largo de toda la serie, -esta pintura forma parte de un apostolado, que casi con toda seguridad estuvo colgado en la galería de algún hermoso patio o claustro- de fragmentos en latín de la oración del Credo, por todos conocida, de forma que San pedro es el primero en importancia y por lo tanto el primero en estar colocado en este apostolado que tenía cada pintura una disposición para permitir al espectador rezar la oración correctamente y ver el orden de importancia que el autor da a cada apóstol. La pintura tiene un cierto efecto tenebrista, apareciendo la luz de una forma cálida que proviene de la zona izquierda del lienzo, por arriba y de frente. Quedando compensado por el paisaje de un calido atardecer, representado a la derecha del cuadro. Teniendo la cara y manos del protagonista una gran calidad con respecto a otras zonas de la pintura, por lo que podemos apuntar de que se trate de una obra de taller. El cromatismo resulta rico y variado, a pesar de los condicionamientos de la composición. Resultando bien entonado en tonos tierra y grises, pero de gran variedad y calidad en las carnaciones. Es pues, una pintura de buena calidad, que debemos conservar y restaurar convenientemente para preservar el patrimonio que ha llegado hasta nosotros, como legado para el disfrute de próximas generaciones venideras en nuestra Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Francisco J. Sánchez Concha Dr. en Bellas Artes Director del Museo de Baeza
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