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Cristo Nazareno (Foto Narváez) La pintura se ubica dentro de la Catedral de nuestra ciudad y en concreto, se encuentra situada expuesta en la sala II del museo catedralicio, al cual se accede a través del claustro, situada el testero frontal según se entra en la sala colgada sobre una de las vitrinas que contiene casullas y diversos ornamentos de fiesta. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, el tejido sobre el que está realizada la pintura es lino, la urdimbre con la que se fabricó, es un tejido de esterilla. El cuadro es de dimensión grande midiendo aproximadamente incluido el marco 146 cm de alto y 97 cm de ancho. No conocemos al pintor que la realizó en la segunda mitad del siglo XVII, aunque está claro que este conoce bien el oficio, resultando la pintura de buena calidad. La pintura como podemos apreciar se encuentra en un mal estado de conservación, presenta pequeñas roturas del soporte, lleva marcas del bastidor, tiene craquelados y oxidados los barnices y suciedades superficiales. Está enmarcado con un simple listón de madera moderna. Se trata de una interesante pintura, una obra que nos describe a Cristo de cuerpo entero portando la cruz camino del monte Calvario, en presencia de dos querubines en el ángulo superior izquierdo, que observan apenados la escena. Resulta interesante la iconografía que presenta. El artista representa a Cristo vistiendo túnica de manto marrón. Parece ser que fue su propia túnica y no la clámide la que le pusieron antes de caminar hacia el Calvario. La frente del Señor aparece ensangrentada, como consecuencia de la colocación de la corona de espinas, siendo ésta la única nota dramática de la obra (obviando el contenido de la escena en sí). También se ve otra corona sobre la cabeza que reproduce modelos de la platería contemporánea de la época de la pintura, es decir los modelos de platería del siglo XVII. Este detalle nos avisa de que tal vez este Nazareno represente alguna advocación local concreta, pues se muestra con los aditamentos propios de la piedad y devoción de la época así como posiblemente, las llaves de la ciudad en la que estuviera la escultura de Cristo representada. La obra podría estar incompleta, ya que dada la monumentalidad de la figura de Cristo, crea la sensación de que sale del cuadro. La cruz consiste en un madero liso, de bastante sencillez, sin rugosidades y no del gusto arbóreo barroquista, lo cual es un síntoma bastante clasicista. Los cabellos de Jesús son largos y ondulados, imitando las esculturas de Cristo de la etapa barroca realista exaltada, en las que se empleaban cabelleras postizas. La representación se inserta en la paulatina humanización de los temas pasionistas a lo largo del siglo XVII, consecuencia de la evolución del sentimiento religioso. El dibujo está cuidado y delicado teniendo buena definición en los detalles como encajes, cuerdas, etc. El colorido es un tanto agrisado aunque presenta en su conjunto un buen modelado. Los ropajes resultan delicados en su ejecución, así como las carnaciones del rostro y manos. Es especialmente armónica la visión de la ciudad de Jerusalén como fondo a esta escena. Este cuadro puede proceder del desaparecido convento de san Francisco de la ciudad de Baeza en el que se cita a un Nazareno en el inventario realizado con objeto de la desamortización llevada a cabo por Mendizábal y que se conserva en la biblioteca de la Real Academia de San Fernando de Madrid. Se trata de una pintura de muy buena calidad, que merece ser conservada y restaurada. Llamando la atención desde aquí a las autoridades competentes para preservar el legado para la admiración de las generaciones venideras en nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad. Francisco J. Sánchez ConchaDoctor en Bellas ArtesPresidente de Alcázar Cultural
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