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Por Enrique Ruiz Cantos Estaba yo en ese raro momento de lucidez que Dios me concede de higos a brevas, y meditaba sobre lo afortunado que soy, sí soy afortunado, no tengo enfermedad, me va bien el trabajo, tengo grandes y verdaderos amigos, tengo una familia que está sana y con la que me llevo bien, y casi por encima de todo, siento que Dios me ama y se preocupa de mi.
¿Por qué hago está reflexión? Pues porque aunque no tengo muchas luces, no es menos cierto que veo lo que sucede en el mundo en el que vivo, veo y hablo con personas que les van bien las cosas, pero también hablo con personas que tienen problemas, y problemas en muchos casos que son graves, personas que tienen enfermedades como la fibromialgia, artrosis degenerativa o cáncer (por citar algunas), personas que tienen problemas en sus familias (padres enfrentados a sus hijos o hijos enfrentados a sus padres), personas que carecen de amigos (y cuando digo amigos, no hablo de personas con las que echar unas cañas) y viven una dura soledad, personas con problemas económicos o en el trabajo, personas las cuales al no “conocer” a Dios o no confiar en Dios tienen un vació absoluto, creen que Dios no se preocupa por ellas, que no sufre con ellas. Hace tiempo que yo se que no soy superman, soy una persona normal, pero esa persona normal ha encontrado consuelo y ayuda en Dios, yo nunca me he sentido desamparado por Dios, a su vez Dios y la conciencia que Éste me ha concedido ha permitido que cuando hablas con una persona que no puede vestirse, que no puede coger ni un ramo de flores y que encima lleva dos años (y los que le queden) bregando con la administración para que le den invalidez permanente por enfermedad, cuando hablas con una persona que con 18 años sus padres la han puesto de patitas en la calle para que se busque la vida… Yo que queréis que os diga, pues que me siento afortunado a pesar de que no me faltan problemas, y me siento afortunado no en la resignación de ver que hay otros peor que tu, me siento afortunado por lo que ya apuntaba al principio, claro que está sensación de felicidad no evita que me sienta triste por todos los que sufren, esa felicidad no evita que pida a Dios por todas estás personas. Creo que sería bueno que algunas veces nos parásemos a pensar, pero a pensar no en nosotros, sino a pensar en todos los tienen problemas, seguro que cuando viésemos a esos sufrientes les daríamos palabras de consuelo, seguro que le ofreceríamos nuestros brazos para que estos se apoyen, seguro que cuando nos pusiésemos en Presencia de Dios le diríamos “Señor Tu que sufriste como no ha sufrido persona alguna en la historia de la humanidad, consuela y ayuda a todos estos hijos tuyos que sufren más que yo y que sufren al igual que sufriste en la Cruz”. Tanto me ha impresionado el testimonio de un enfermo de fibromialgia que os pongo lo que la Wikipedia nos dice de la enfermedad: La fibromialgia (FM) se refiere a un grupo de trastornos comunes reumáticos no articulares, caracterizados por dolor y rigidez de intensidad variable de los músculos, tendones y tejido blando circundante, y un amplio rango de otros síntomas. No es contagioso. Lo padece entre el 3% y el 6% de la población mundial y es visto más comúnmente en individuos de entre 20 y 50 años. El término fibromialgia fue acuñado en 1976 y proviene del latín fibra (fibra), del griego mio (músculo) y algia (dolor). |