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 Fotografía de Pedro Narváez La pintura se encuentra dentro de la Iglesia de San Andrés de nuestra ciudad y en concreto, está situada dentro de la Sacristía que se encuentra en la cabecera de la nave principal, colgada en el testero derecho de la misma, según se entra en la sala, sobre una cajonera de calidad, colocada al lado de otras dos tablas de la serie, La presentación en el templo y la de La adoración de los Magos. Dentro del espacio de lo que será en el futuro Museo de la Iglesia de San Andrés, deseando desde aquí que todos colaboremos para hacer realidad este interesante proyecto cultural, donde se expongan los “tesoros” que se conservan en esta iglesia, que por falta de seguridad e infraestructura adecuada, no han podido todavía exponerse al público. Es una pintura al óleo sobre tabla. Está pintada sobre un tablero formado por tres listones de madera, que no se han podido analizar, de 3 cm. de grosor. Cuenta con un estado de conservación aceptable, fue restaurado en noviembre de 1969 por la Dirección General de Bellas Artes, aunque precisaría un “refresco” de los barnices, y al menos tres de las tablas que componen la colección precisan urgente intervención de restauración, dada su calidad “compitiendo” en calidad estas piezas, tan solo con el tríptico de San Pablo, o con las seis pinturas de calidad de la colección de la Catedral. La pintura es de dimensión mediana-grande, midiendo aproximadamente 214 cm de alto y 86 cm de alto. Atribuida con total fundamento al pintor sevillano Francisco Sánchez adscrito al movimiento flamenco. La tabla fue realizada posiblemente en el último tercio del siglo XV. La pintura carece de marco puesto que perteneció a un retablo y tenemos constancia de haber tenido diferentes ubicaciones posteriores. En el tema de la Natividad en occidente a finales de la Edad Media, se convierte en Adoración, la Virgen que no ha sufrido dolores durante el parto, tiene las manos unidas ante el Niño desnudo, acostado sobre un pliegue del manto de su madre. José observa la escena apoyado en su bastón con ambas manos. Tras ellos tres ángeles cantores adoran al Niño tras la mula y el buey ambos arrodillados también. Encima del portal aparecen dos ángeles músicos que tocan trompetas mientras que detrás de estos el ángel astroforo, con una cartela en la que se lee “nunc : nob : gaudiu qz nat er nobis” alerta a los pastores del nacimiento del redentor el cual lo contempla admirado por el prodigio que esta viendo mientras que su compañero duerme plácidamente al lado de la tienda. Aparece de nuevo un paisaje con montañas y construcciones a modo de torres y castillo o fortaleza al fondo. Y el cielo se representa en oro, para aportar luz y una continuidad cromática y estilística con el resto de las ocho tablas. El dibujo resulta muy elaborado por la abundancia de seres retratados. Ángeles, personas, ovejas, el buey y la mula todos ellos con un gesto contenido pero demostrando en cada rostro una actitud bien diferenciada, y definida claramente -como el gesto de miedo del pastor que huye un tanto despavorido- además de los ricos tejidos de la túnica de san José y el manto de la Virgen. El colorido vuelve a centrase en rojos enfrentados a verdes, continuando con la ausencia de tonos azules característica de este autor. Y las carnaciones, en este caso resultan deliciosas, al representarse a muchos ángeles jóvenes demostrando el autor la calidad de su colorido y el conocimiento del oficio puesto que conseguir variados tonos del color carne de forma correcta, resulta al menos un tanto complicado. Se trata de una pues de pintura de magnifica calidad y de incalculable valor artístico dada las pocas muestras del arte del siglo XV que han llegado hasta nuestros días y que por suerte, conservamos dentro de nuestra Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Francisco J. Sánchez Concha Dr. en Bellas Artes
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