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La pintura se ubica dentro de la Catedral de nuestra ciudad, se encuentra situada en la Capilla llamada del Lignum Crucis, en la nave principal de la misma, ubicada a la derecha de la portada de la Sacristía Mayor. Se encuentra colgado en la zona izquierda de la misma colocada a modo de “Banco” dentro de la propia composición de la capilla. La misma contiene el retablo del Lignum Crucis que le da nombre. Fue realizado para la capilla del Sagrario de la Catedralla Virgen entre las que se encuentra la que estamos estudiando hoy. donde estuvo colocado y posteriormente desmontado. En la década de los ochenta fue instalado en el espacio de la capilla donde en la actualidad lo encontramos, junto con una serie de pinturas, incluida la serie de Escenas de la vida de la Virgen entre las que se encuentra la que estamos estudiando hoy. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, estando realizada la tela que conforma el soporte con fibra vegetal de lino siendo tejida en una trama de esterilla de densidad normal-pequeña. El cuadro es de dimensión mediana-pequeña midiendo aproximadamente 88 cm de alto y 65 cm de ancho. Pertenece a una serie de pinturas de la vida de la Virgen de siendo esta la segunda que estudiamos. Desconocemos al pintor que la realizó, aunque si podemos apreciar que hemos descubierto recientemente, que el bastidor se encuentra estampillado a fuego con la inscripción Raz. co Molina. Por lo que siendo practica común no firmar por la cara anterior la obra y sí por la posterior cabe la posibilidad que estos apellidos fueran o bien los del autor que la realizó o bien del coleccionista que las adquirió (esta posibilidad es más remota puesto que en Baeza no se encuentra ninguna otra obra con este tipo de marca que no sea esta serie completa de pinturas que están todas firmadas o estampilladas). La pintura en cuestión se realizó hacia la primera mitad del siglo XVIII. Siendo el artista probablemente de algún taller de la zona occidental andaluza, puesto que Rasco como apellido es común en la serranía de Huelva. La pintura como podemos apreciar se encuentra en un mal estado de conservación. El lienzo está destensado, craquelado y presenta pérdidas de la capa pictórica e imprimación en las zonas de mayor interés de la obra. La pintura conserva el marco original. Se trata de una pieza de estilo barroco en madera tallada y plateada con pan de plata y lleva policromada la calle en negro, favoreciendo este tipo de marco a la colorista pintura que nos ocupa hoy. En este lienzo, Como en el homólogo de la Adoración de los pastores, esta escena nos muestra unas ruinas palaciegas muy del gusto barroco en lugar del lógico pesebre. De nuevo las figuras secundarias cobran menor tamaño en el cuadro, en este caso son los pajes de los Magos. Uno de ellos sostiene la corona del que está postrado ante el Niño, haciéndole la ofrenda. Los ropajes de los Magos también son de diferentes coloridos, quizás para mostrar su condición oriental, exótica en aquellas tierras. Existen gestos y actitudes de comunicación de los dos magos que están de pie al lado derecho de la escena; uno de ellos mira al espectador. Según Pedro de Ribadeneyra, en su Antología del Flos Sanctorum, a su vuelta los Magos se dedicaron a imitar la pobreza de Jesús y a predicar, muriendo martirizados. Sus cuerpos fueron llevados a Milán, donde estuvieron algún tiempo, y cuando el emperador Barbarroja destruyó aquella ciudad, fueron trasladados a Colonia, donde se veneran en la actualidad. El conjunto resulta un tanto ingenuo. El dibujo es delicado y cuidado, pero a su vez, aparecen unas curiosas desproporciones en las figuras infantiles de la composición, es decir, Jesús y los dos pajes que acompañan a los Magos, que indican la calidad mediocre del artista. El mejor y más rico colorido recae de nuevo en santa María que porta al niño en sus manos para mostrarlo a los Magos. Para finalizar este comentario reiterar que es una pintura, que merece ser conservada y restaurada convenientemente. Llamando la atención con este artículo, de las autoridades competentes para que actúen y preserven el conjunto pictórico, como parte del legado para la admiración de las generaciones venideras, del todavía rico patrimonio mueble que conservamos en nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad. Francisco J. Sánchez Concha Dr. en Bellas Artes
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