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La pintura objeto de nuestro estudio se ubica dentro de la Catedral de nuestra ciudad, se encuentra situada en la nave principal de la misma, ubicada a la derecha de la portada de la Sacristía Mayor. Se encuentra a los pies de la misma tras la zona creada frente a la capilla Dorada donde se encuentra el sepulcro del Artillero baezano D Cristóbal Lechuga tras la maravillosa reja del maestro Bartolomé. En la década de los ochenta fue instalado en el espacio donde en la actualidad lo encontramos, junto con una gran serie de pinturas que se colocaron adornando así la totalidad de la Catedral. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, estando realizada la tela que conforma el soporte con fibra vegetal de lino siendo tejida en una trama de tafetán de densidad normal. El cuadro es de dimensión mediana-grande midiendo aproximadamente 190 cm de alto y 156 cm de ancho. Conocemos al pintor que la realizó, puesto que ésta firmada en su zona inferior izquierda con la inscripción Quintana. F. La pintura en cuestión se realizó hacia la primera mitad del siglo XVIII. Siendo el artista del taller baezano del cual él era el maestro. La pintura como podemos apreciar se encuentra en un mal estado de conservación. Presenta varias roturas y desgarros del soporte, el lienzo está destensado. Tiene leves craquelados generalizados, oxidados los barnices y suciedades superficiales. La pintura creemos que no conserva el marco original. Se trata de una pieza de madera antigua, pero al estar situado y localizado al menos en tres ubicaciones distintas contrastadas lo lógico es que el marco fuera otro, probablemente en estuco. Según Antonio Ponz, afirma en 1791 en su libro titulado Viaje de España, la procedencia de esta pintura es del claustro del desaparecido convento de san Francisco, aunque Fernando Cózar la localiza y sitúa en el claustro de la Catedral, en el año 1884 según afirma en su libro titulado Noticias y documentos para la Historia de Baeza, pudiendo pertenecer con anterioridad al convento de la Santísima Trinidad de los trinitarios calzados, pasando al cerrarse este al convento de san Francisco, por ser el último de los conventos en desaparecer y por lo tanto sería el que habría aglutinado todos los bienes de los que anteriormente desaparecían. Realizada por un artista local, del cual no se conocen más obras de forma documental, que las que realizó para el claustro del citado convento de una serie de tema hagiográfico, según afirma Ponz. El cuadro es un tanto cruento nos muestra la escena en la que observamos al santo mientras es martirizado por un verdugo a pesar de esto el santo protagonista aparece sereno sin grandes gestos de dolor con la mirada puesta en el cielo donde nace su Fe, mientras que el otro bárbaro, que aparece en primer plano afila el cuchillo, ya que la leyenda dice que san Bartolomé murió desollado a mediados del siglo V después de Cristo. No apareciendo el atributo característico de la Escuela Española del demonio encadenado por lo que podemos suponer que Quintana viajó o tuvo al menos acceso a repertorios de estampas grabadas procedentes del extranjero; esta representación se debe a que supuestamente san Bartolomé curaba a los enfermos y a los poseídos. La obra guarda una cierta similitud con el Martirio del apóstol, pintado por Stefan Lochner (Frankfurt), en que un judío afila los cuchillos del verdugo. El dibujo resulta correcto de ejecución aunque existe un exceso de contornos nítidos según mi opinión y leves errores de dibujo a la hora de colocar en la posición correcta rodillas y piernas de los personajes retratados. El colorido es variado y jugoso a pesar de tener un modelado un tanto mediocre, y con el color rojo de los ropajes de los verdugos contrapesa y equilibra el reguero central de sangre. Para finalizar este comentario reiterar que es una pintura, que merece ser conservada y restaurada convenientemente. Llamando la atención con este artículo, de las autoridades competentes para que actúen y preserven el conjunto pictórico, como parte del legado para la admiración de las generaciones venideras, del todavía rico patrimonio mueble que conservamos en nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad. Francisco J. Sánchez Concha Dr. en Bellas Artes
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