La pintura objeto de este estudio se ubica dentro de la Catedral de nuestra ciudad, se encuentra situada en la Sacristía Mayor, ubicada en el testero izquierdo de la estancia según se accede a ella por su portada principal. El cuadro está colgado sobre la puerta de acceso al aseo que existe en la sacristía. En la década de los ochenta fue instalado en el espacio donde en la actualidad lo encontramos, junto con una gran serie de pinturas que se colocaron adornando así de nuevo la totalidad de la Catedral.
Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, siendo imposible por la ubicación elevada de la pintura analizar la fibra del soporte que esta tejido en una trama de arpillera de densidad normal. El cuadro es de dimensión mediana-pequeña midiendo aproximadamente 113 cm de alto y 140 cm de ancho.
No conocemos al pintor que la realizó, puesto que no ésta firmada aunque podemos suponer que el autor sería de factura local dada la escasa calidad de la obra. La pintura en cuestión se realizó hacia la segunda mitad del siglo XVII.
La pintura como podemos apreciar se encuentra en un mal estado de conservación. Tiene una reparación mal hecha en el brazo del soldado y también tiene algunas pequeñas roturas del soporte. Presenta los barnices muy oxidados y suciedades superficiales. Precisando una pronta restauración.
La pintura creemos que conserva el marco original. Se trata de una pieza de Madera ebonizada y dorada, precisa igualmente una conveniente restauración.
Puede ser este cuadro o el número 24 de mi catálogo publicado (mal titulado popularmente como Ecce Homo) el citado, por Cózar en la descripción de alguno de los cuadros de la Catedral, encontrándose en este tiempo ya, en la sacristía mayor.
La pintura en cuestión recuerda a las estampas grabadas que circulaban en la época. Aparecen las figuras de medio cuerpo en un primer plano, teniendo a Cristo coronado de espinas, portando el manto púrpura y maniatado; siendo conducido ante Pilato por un soldado romano y un anciano con turbante, mientras que un personaje observa cabizbajo la escena en un plano posterior. El artista ha representado el momento en que Pilato conduce a Cristo ante el pueblo y pronuncia la frase: “Ecce Homo...” “Ahí tenéis al hombre...”. Esto sucedió tras la colocación de la corona de espinas y del supuesto cetro (que no era más que una caña), después de haber sido escarnecido por la soldadesca. Ambos atributos aparecen representados en esta obra.
La Figura de Cristo es la más cuidada sobre todo en la cabeza resultando el resto de un modelado un tanto tosco y descuidado, sobre todo la figura del segundo plano.
La composición de las tres figuras es lineal. En la expresión de los personajes, se ha logrado imponer sobre todo una gran serenidad. No aparecen todavía detalles de patetismo, como la representación de la sangre en el rostro o el sufrimiento de Cristo. Más bien muestra su resignación y entereza en esos momentos. Pueden apreciarse los ecos de la pintura veneciana en el color rojo del manto (que recrea la atención del espectador) y la profusa ornamentación del casco y las vestiduras del romano. Además del rico color rojo de la clámide, que centra la atención en la figura de Cristo, el artista ha conseguido un buen estudio de los pliegues de ésta.
Para finalizar este comentario reiterar que es una pintura, que merece ser conservada y restaurada convenientemente. Llamando la atención con este artículo, de las autoridades competentes para que actúen y preserven el conjunto pictórico, como parte del legado para la admiración de las generaciones venideras, del todavía rico patrimonio mueble que conservamos en nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Francisco J. Sánchez Concha