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Tenemos 192 invitados conectado(s)| La Jubilación |
| Viernes, 29 de Enero de 2010 19:19 |
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Por Miguel Ángel López Hernández Palabra maldita para muchos y esperada por otros. Dicen que deriva de la palabra júbilo, alegría. Pero no está la cosa para muchas alegrías. Hace muy poco tiempo, han propuesto e insinuado unos y otros de aumentar “esta edad” a los 67 años e incluso a los 70 años. Yo siento discrepar y decir que esto, con todos mis respetos, me parece una canallada. Se pueden esgrimir argumentos de todo tipo, pero no se puede hacer una defensa numantina de lo moralmente reprochable.
No podemos inclinar la cerviz de ni los que aplauden las sandeces de lo que dice el capital, ni apoyar a los corifeos de los que pretenden meter el miedo en el cuerpo con esto de la insostenibilidad de las pensiones a largo plazo. Nunca pretendí percibir el mundo de la cantidad como los economistas, lo que no es óbice para que tenga mis propios criterios de economía, que seguro que comparto en gran parte con el común de los mortales. Estamos en mi opinión, en una situación muy avanzada y por supuesto con el caldo de cultivo para una seria confrontación social. Porque si de vez en cuando salen todas “estas perlas”, es lícito pensar que los que están dentro y respiran los vapores de las cifras de la gran economía, callan más que saben y por consiguiente, no hablan ni informan como tal. Tampoco se le puede freír al personal tanto con los impuestos directos, indirectos y especiales. La época dorada y libre de preocupaciones que nos vendieron como tal, tanto unos como otros, duró lo que duran tanto las lágrimas como los suspiros. Tanto de una manera como de otra, aquí siempre hay unos listillos que siempre ganan y otros que les toca pechar. Palabra que viene de pecheros, aquellos que antaño eran los que pagaban todo tipo de impuestos versus las clases privilegiadas que contribuían al estado con “contribuciones y donativos”. Volviendo al tema que nos ocupa, una persona que ha contribuido con tantos años cotizados, no se le puede pedir que ceda una parte del resto de vida y bienestar que le queda en nombre y aras de un supuesto bien común, que no es otra cosa que un mal parche para tapar un agujero que estaba agrandándose más, y viéndolas venir. Todos han sido responsables, pensando de la manera que “el que venga que arree con ello”. Eso no es serio, y consecuentemente, éticamente reprobable. Con las cosas del comer no se juega a "la gallina ciega", que no es sino lo que estamos viviendo y padeciendo. Se alega que en el futuro, no va haber suficiente población que pueda sostener a los que de pequeños nos sostuvieron, porque luego a nosotros nos sostendrán (espero no hacer una mala profecía). Pues bien, hagan por donde para estimular la natalidad, adelgacen las necesidades artificiales que han impuesto, se vuelva a lo sencillo, en definitiva, sin perder ningún derecho y ni un ápice de nivel de vida. No ganen tanto con el sudor de otros, no hagan de la codicia un ara con sahumerios, no impongan la dictadura del mercado. Paren “la maquina”, porque con esto de que se ha pasado de revoluciones, los engranajes sociales que más se mueven son piezas desgastadas, que son difícil reponerlas. Den facilidades, no engañen a la gente con sutilezas, ni placebos ni adormideras para que el retardo en el pensamiento sea su gran ventaja. No aprieten tanto, porque por ejemplo a un albañil no se le puede decir que con 67 o 70 años se suba a un andamio. Los años no pasan en balde ni en vano, no se está igual en estas edades. Recuperen esa humanidad que tuvieron en pretérito. Dejen a las personas descansar y que disfruten de una jubilación sin disgustos. Sean sociales y no tan materiales. Cedan el testigo a los más de 4 millones de personas desempleadas que hay, en donde sea. Al trabajo, no hay que hacerle ni ascos ni distingos. Que coma todo el mundo y aquellos que son merecedores del esperado descanso, que no les chafen su jubilación, ni sus esperanzas, ni sus perspectivas ni sus ilusiones. Recapaciten, por favor porque rectificar es de sabios. Llamémonos todos personas. |












