|
Por Enrique Ruiz Cantos
En poco más de un mes dos grandes terremotos han asolado dos pobres países, en Haití más 200.000 mil personas han muerto y se tardaran varios años en reconstruirlo y eso suponiendo que el primer mundo no se olvide y los dirigentes Haitianos no se metan ese dinero en el bolsillo, el otro caso es Chile, Chile esta mucho más acostumbrado a los terremotos, de hecho no hace demasiados años se produjo un seísmo de 9,5 grados y en este seísmo han muerto “sólo” unas trescientas personas y no todas producidas por el terremoto, de hecho gran parte de las victimas son consecuencia de un maremoto del que no se aviso a la población.
El tema que yo quiero abordar no es en si las dos desgracias acaecidas, ni el número de victimas, yo donde quiero ir es al drama olvidado, si al olvido, de hecho de Haití apenas si hablamos, y pronto dejaremos de hacerlo de Chile, como ya nadie recuerda el tsunami que asolo Asia, ni nadie se acuerda que 6 millones de niños mueren por hambre y desnutrición al año o de las numerosas guerras que asolan el mundo, de hecho el coste de las guerras en África supera el importe de toda la ayuda al desarrollo recibida por el continente… podría enumera cuantiosas desgracias que siguen acaeciendo en el mundo y aburrir con datos, pero no es esa mi intención, a mi me gustaría que nos parásemos a pensar en esos desdichados un par de minutos todos los días, me gustaría que recordásemos esos dramas olvidados pero no en plan masocas, no, yo intento ver la vida en positivo, yo quiero que nos acordemos de estos desdichados por que son hijos de Dios y hermanos nuestros, porque son nuestros prójimos, y porque merecen al menos lo mismo que nosotros. De nosotros depende el que le hagamos el juego a la caja tonta de la televisión y los olvidemos o los tengamos presentes en nuestras oraciones, y porque no, en nuestro bolsillo, porque no sólo basta con tenerlos presentes, tenemos que ayudarles, a nosotros no nos pasa nada por bebernos una cerveza menos y a ellos les puede significar la vida; la beata Teresa de Calcuta decía que “hay que amar hasta que duela” que es más o menos lo que hizo Jesús, el cual amo hasta el extremo, seguramente nosotros no estemos preparados para amar hasta que duela, pero estoy seguro que estamos capacitados para amar un poquito, y si todas las personas amasemos ese poquito, fuésemos generosos un poquito, nos concienciásemos un poquito… Estoy seguro que este mundo sería mucho mejor, estoy seguro que no abría tantas desgracias… en el mundo, y por supuesto estoy seguro que estaríamos menos pendientes del fútbol o de los programas basura y mucho más pendientes de lo que les pasa a nuestros hermanos, a nuestros prójimos.
|