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Tenemos 187 invitados conectado(s)| Cruz de Mayo |
| Viernes, 30 de Abril de 2010 14:25 |
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Por Miguel Ángel López Hernández Dentro de unos días, nuestra Baeza Ciudad Patrimonio de las Humanidad, tendrá a gala el celebrar la fiesta de la Cruz de Mayo. Cada año que pasa, adquiere más vigor una conmemoración donde a modo de denominador común, la floración domina los campos, los jardines de las plazas públicas y los propios patios y balcones de nuestra ciudad regalan la vista al visitante y al paisano. Decir también que, los temperamentos despiertan del letargo emocional del largo invierno baezano y la jovialidad se apodera de los espíritus inquietos que son llamados con cantos de sirena por la bonanza estacional con marcada probidad en los pronósticos. Es honesto afirmar que algunas de “las cruces” sobresalen por su artística disposición, por su originalidad, por el cúmulo de detalles y e innúmeros elementos valorativos. Lo que si es cierto es que todas contribuyen al cómputo global de la fiesta en sí, como teselas de un mismo mosaico o piezas de idéntico puzzle. Decía Montesquieu al igual que Platón, que los temperamentos y las fiestas tenían una gran correspondencia con el clima reinante en la región, si bien las influencias culturales por el difusionismo, se han de tener siempre en consideración. Fue Andalucía siempre un pueblo caracterizado por la extroversión y por la simbiosis de las distintas paletas cromáticas de sendas contribuciones que han hecho aparición en nuestro solar. Del mismo modo que el color no se apreciaría sin la luz, nuestra fiesta de la Cruz de Mayo no tendría razón de ser sin las cofradías y hermandades que colaboran y contribuyen a su advenimiento, buen desarrollo y vistosa desenvoltura. En estos días, es un ritual al igual que el Juego de la Oca, el ir y venir por cada una de las barras para los refrigerios y los avituallamientos de la fiesta, junto a la admiración por el esfuerzo y denuedo común para las elaboraciones de las Cruces (con mayúsculas), dentro de la composición, del entrono y del contexto en donde se hallan. La camaradería y la democratización de “los vapores de Baco”, hacen el resto. Se comenta de forma plácida, tanto de lo divino, de lo humano, como lo cotidiano en un ambiente de distensión. Las tapas son las causantes de la ineficacia de las dietas y de las rogativas por el colesterol, palpando la barriga resignante, máxime ahora que está el verano en ciernes y se fomentan los cuerpos ideales en detrimento del “mito del cuerpo enfermo” asociado de forma machacona, a las bellezas que pintaba aquel pintor flamenco Rubens con sus Tres Gracias como referente. Ignoro si hay alguna novedad de cualquier índole este año, de cualquier modo, las gentes, ávidas de diversión, harán todo cuanto esté en su mano para la consecución de un homenajeado tributo a la Cruz de Mayo. Estos días, son una estupenda ocasión para disfrutar de la vida. En compañía de las antiguas amistades o de la creación o consolidación de otras, porque son muchos los que aprovechan esta conmemoración a la par que conocen nuestra ciudad, nuestros monumentos, nuestra gente y nuestra idiosincrasia. Ya se ha hablado en demasía de todo lo que sabemos de Santa Elena y de la Santa Cruz, de la fiesta de las antiguas religiones paganas de los May@s con obvios rasgos pre-cristianos y de otros tantos datos que desvirtuarían la intención sencilla y simplista de este escrito. Hablemos de presente y de futuro, si bien mirando de reojo al pasado. Transcurrirán los años e iremos teniendo distintas perspectivas pues el tiempo para los mayores, además de con mayor rapidez, todo va tornándose con los distintos corolarios de la experiencia y de las circunstancias. En todo caso, los seres humanos, como hijos de nuestro tiempo, dejamos de ser, para que otros sean y muchas de las fiestas, si bien con las consiguientes mutaciones de los tiempos y de los acontecimientos, terminarán por fortuna por subsistir, como es el caso hasta ahora, y esperemos que así sea en lo futurible, la situación de la Cruz de Mayo en Baeza. Para concluir, sean estos días un breve periodo de vacación, para valorar la fiesta religiosa y su significado en la calle. Disfrutemos de la dimensión lúdica y atenuar o mitigar, en concreción la evasión de los problemas diarios que, nos desbordan y nos vencen el ánimo con cierta asiduidad, como norma y por desgracia vuelvo a insistir, reiterar y enfatizar esta idea, de acusada vigencia. Gracias. |












