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BaezaForos.- Por Miguel Ángel López Hernández
Posiblemente serán los siete días más significativos y evocados en el año en curso por su significación. Como baezanos y baezanas que nos aprieta la fascinación por el terruño, percibimos y sentimos la Semana Santa como algo que se añora y se desea con cierta una ansiedad por el lento decurso del almanaque.
Casi se puede asegurar con poco riesgo a equivocarse que muchos de nuestros vecinos poco antes de cristianarse, han sido dados hechos hermanos por la predilección de alguna cofradía familiar. La Semana Santa de Baeza es mucho más que una tradición. Es una experiencia continuada en la vida, con alzas, crisis y bajas anímicas y existenciales por las experiencias.
No les voy hablar de las distintas procesiones y hermandades de Baeza de forma concreta. En primer lugar porque no soy ecuánime y en base a ello, y a fuerza de comparar, no sería justo en mi apreciación por mi parcialidad. La subjetividad como ven, es arma de doble filo. En segundo lugar, porque creo de alguna manera que todas vienen a ser una especie de conglomerado y complemento mutuo en el que auque todas tengan el reconocimiento y el encanto como lema. Unas gozan de más sencillez, otras tienen excelentes cuadrillas de costaleros, otras tantas exhiben un patrimonio un tanto sugestivo, las hay que disfrutan de más observancia en el decoro. En fin, las comparaciones nunca fueron de mi agrado, pues lo importante es el esfuerzo comunal.
A fiestas especiales comidas especiales. Un buen ochío, un sabroso hornazo con el símbolo de la cruz cubriendo el huevo, unas apetitosas empanadillas de vigilia mientras vemos los momentos más interesantes en las reposiciones de Canal Sur. Ese Bacalao que es la delicia del baezano en el Viernes Santo, a sabiendas que se deben acudir a los Oficios. Esa cazuela, que aunque pique mucho, es tradición el catarla viendo el añorado Vía Crucis en Roma allá por el Coliseo en medio de luces, noche, belleza y oración.
Nuestra religión, pese a la grandeza de su váteres y hombres excepcionales sitos en los escaños de la virtud, de la santidad, de la heroicidad, de la ejemplaridad y pese a la sombra de la corruptela, junto al mal ejemplo de otros pocos, emana y reluce por la fuerza viva de El Evangelio, con el resplandor de la Verdad. La vana, vacua y falsa ejemplaridad de unos pocos, no es causa de generalización. Aunque siempre sobresale lo malo a lo bueno.
Retomando Baeza, que es lo que nos preocupa y atañe. Por unos días el énfasis del Misterio al ya añadido y existente por la configuración de su excelso patrimonio monumental, en nuestras calles, como sujetos del ámbito mediterráneo que somos aficionados la tragedia, se producirá el hecho que cambió el curso de la historia y la encarrilo hacia el Punto Omega y es la Pasión, Muerte y Resurrección de ese galileo que se llamó Jesús. Nosotros, producto de la repoblación castellana en lo concerniente a chispas del carácter y a la mimesis o imitación de la baja Andalucía como tierra de frontera que fuimos y seguimos siendo, participamos asimétricamente de las características de Castilla y de esa Andalucía sevillana y malagueña.
Penitentes y nazarenos, unos con cirios, otros turiferarios o con el constante incensar de las calles como prólogo al Paso de Misterio. Luminarias que convergen en los tronos como punto de partida y punto de fuga; porque no debemos olvidar que él y su Santa Madre, son los protagonistas. Las preeminencias son autoengaños y nada más.
Estos actos, independiente de su aspecto lúdico, religioso y antropológico, son potenciadotes de fe. Cada cual sabe la que tiene o no tiene y la que desea tener. No juzguemos a nadie. Pensemos en ese Hombre-Dios que con su incomprensible acción, abrió puertas que antes estaban selladas por razones teológicas y por dogmas de fe. Disfrutemos de nuestros amigos y de nuestras imágenes, del tiempo y de las muchas o pocas oportunidades que nos brinde la vida. Pasemos esos días en el calor de la familia y en la intensidad íntima de todas cuántas preguntas abigarradas asalten nuestras conciencias. Pensar y meditar es bueno. Veámonos en esta excelente manifestación de muestra fe, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, las tres edades del hombre con el decurso continuado de la vida. En el que la Esperanza, el Dolor, la Amistad, la Traición, forman parte de nuestro aprendizaje, en las innúmeras lecciones del libro de la vida que nunca acaba, pues tiene epílogo de continuidad y una aurora arrebolada con la Resurrección. El que no comprendamos algo no implica que no exista. Vean en los pasos de los nazarenos, en relación al trecho recorrido y al cansancio acumulado. La vida tiene fases de una incógnita penitencia unas veces sabidas y otras con vendas en los ojos. Y Momentos de felicidad jalonados con otras circunstancias, dicho y aseverado por el Eclesiastés.
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